Células Salvavidas

MIRAMUNDO POR GABRIEL RUMOR

MIRAMUNDO POR GABRIEL RUMOR

Que el estudio de las batallas silenciosas protagonizadas por nuestras células para matar o canibalizar a sus rivales podría contribuir a la lucha contra el cáncer y el envejecimiento, afirma el oncólogo japonés Yasuyaki Fujita en un fascinante reportaje de  NATURE.

Yasuyuki Fujita ayudando a las células a reconocer a los malos vecinos

Yasuyuki Fujita ayudando a las células a reconocer a los malos vecinos

En su laboratorio de la Universidad de Hokkaido, atónito, Fujita observó como las células de un hígado enfermo, en vez de expandirse, fueron transformadas por sus vecinas, armadas con filamentos proteínicos, hasta literalmente ser borradas del microscopio.

Un fenómeno detectado en los últimos veinte años, de una suerte de selección natural o de control de calidad durante el desarrollo de un organismo, como defensa contra células precancerosas y elemento clave en el mantenimiento de órganos como la piel, los intestinos y el corazón.

 

Es algo caótico y aún quedan muchas interrogantes de cómo las células individuales reconocen o actúan al reconocer la debilidad de sus vecinas, que los cientificos se afanan por descubrir para  influenciar en la medicina regenerativa.

 

La competencia celular -el término idoneo para la terapia que cobra fuerza- en los laboratorios del planeta- arranca en Madrid en 1973, según la gaceta, cuando los médicos Ginés Morata y Pedro Ripol indujeron una mutación en una selección de células en una larva de mosca frutera sin alterar las restantes y descubrieron que éstas, en lugar de reducir su tamaño, habían desaparecido.

Gines Morata

Gines Morata

Por falta del instrumental necesario, el hallazgo quedó sin seguimiento hasta 1999, cuando un equipo del Fred Hutchinson Cancer Center en Seattle, descubrió algo similar mientras estudiaba la mutación en el gen de otra mosca, la Drosophila Myc, en lo que constituía, indudablemente, una situación de competencia.

Fue el detonante para la investigación, sobre todo cuando se constató más tarde que las células podían convertirse en “supercompetidoras” con una dosis adicional de células normales y capaces no sólo de eliminar defectos sino de apoyar la supervivencia de las más fuertes a expensas de las perdedoras.

Ahora, la revelación del doctor Fujita apunta al hecho de que también las células de mamíferos pueden competir; sendos equipos de la Icahn School of Medicine de Mount Sinai en New York y del Centro Nacional de Investigación Cardiovascular de Madrid, han experimentado con éxito en embriones de ratón y, este último, ha descubierto que la competencia podia suscitarse de manera natural.

Más recientemente, un equipo de la Rockefeller University de New York inyectó en los embriones de ratón una solución que convierte las células en perdedoras genéticas, verificando su degeneración y eventual desaparición en la piel de los roedores, en una más de las experiencias que se adelantan en los más importantes institutos del mundo entero.

Subsisten, sin embargo, enigmas que deberán resolverse para comprender mejor cómo funciona la competencia celular en tejidos adultos, si los científicos aspiran utilizarla para combatir el cáncer o practicar terapias regenerativas para, por ejemplo, reemplazar células dañadas por  enfermedades cardiovasculares.

Lo que comenzó con modestas observaciones en una diminuta larva de mosca frutera, concluye NATURE, ha desvelado las batallas citeliales primordiales que podrían conducir a una nueva era en la medicina  celular, en un proceso que excita a los científicos; precisamente, porque sigue siendo misterioso.

Varsovia, noviembre 2019