SELVATIZARSE

MIRAMUNDO POR GABRIEL RUMOR

MIRAMUNDO POR GABRIEL RUMOR

Selvatizarse, podría traducirse el título del libro Becoming Wild, how the animals learn to be animals, donde el escritor y ecologista Carl Safinas analiza los mecanismos de transmisión de conocimientos que permiten a las especies adaptarse a los cambios y sobrevivir en el mundo que los rodea.

Becoming Wild

Becoming Wild

El planteamiento básico es que la definición científica de biodiversidad elaborada en el curso de los últimos tres decenios consta de tres niveles: la diversidad genética en las especies en particular, la diversidad de especies en un lugar específico y la diversidad de habitats, como bosques, barreras coralíferas y montañas;  soslayando otro frágil y no genético, crucial y de similar importancia: la diversidad cultural, que reúne el conocimiento y las habilidades que pasan socialmente de uno a otro individuo y de una generación a la siguiente.

Dado que las respuestas son locales y aprendidas, las culturas salvajes pueden perderse más rápidamente que la diversidad genética; a medida que las poblaciones se reducen comienzan a desaparecer las tradiciones que ayudaron a la supervivencia.

Por éso fracasaron en regiones del sudoeste de los Estados Unidos los intentos de reintroducir una variedad de pericos, ante la incapacidad de los expertos para enseñar a los animales criados en cautiverio a procurarse su alimento tradicional, como hubiesen aprendido normalmente de sus ancestros.

El ambiente, complejo y sometido a cambios acelerados, estimula la adaptación en un tiempo más breve que el genético, según PLANETA VITAL destacó al reseñar otro libro fascinante – Darwin Comes to Town, del holandés Menno Schilthuizen-  sobre el fenómeno de los animales urbanizados.

Como las abejas que adquieren una adicción a los pesticidas similar a la que los fumadores experimentan por la nicotina; los cuervos que en Japón se sirven de los neumáticos como cascanueces; los herrerillos que en Gran Bretaña aprendieron a picotear las tapas metálicas de las botellas de leche a la puerta de los hogares, o las arañas vienesas que, contra la nocturnidad de su especie, prefieren tejer sus redes en las secciones de los puentes con iluminación fluorescente.

Carl Safina

Carl Safina

El impacto humano, explica Safina, es notorio en el empobrecimiento del canto de los gorriones de copete blanco en Sudamérica, con menos sílabas por canción de menor duración que las registradas hace un cuarto de siglo, afectando la acogida que el ave puede tener de una compañera, habituada en el cortejo a un gorgeo más familiar.

Y por éso el aprendizaje cultural que Safina califica de dialecto es vital para la supervivencia, no sólo de aves sino de una vasta variedad de animales, incluidos peces como el bacalao, cuya llamada, establecida en miles de años, difiere del Atlántico americano al europeo.

Muchos peces siguen a sus mayores hasta las áreas de alimentación, descanso y apareamiento y así continuaron haciendo extraños introducidos en experimentos mucho después que no existían los líderes originales de quienes aprendieron esas rutas tradicionales.

En todos los papagayos estudiados en libertad se ha visto que cada familia desarrolla un tipo específico de llamado, curiosamente paralelo al nombre que solemos adjudicar a nuestros hijos, que ayuda igualmente a reconocer vecinos, compañeros, sexo e individuos y consolidar grupos estables con una identidad particular que no es exclusiva de los humanos.

Cachalotes. Foto Ballenapedia

Cachalotes. Foto Ballenapedia

Así ocurre con los cachalotes, los murciélagos jóvenes y los cuervos; algunos delfines en Brasil guían a los peces hacia las redes de los pescadores y no socializan con otros cuyo sonido es diferente, y las ballenas-orcas que viven en sociedades estratificadas en comunidades estrechamente compactas, escrupulosamente separadas entre sí.

Tal como lo aprendieron de sus mayores, igual que las cigueñas, buitres, águilas y halcones y más de cuatro mil especies de plumíferos, para trazar sus rutas estratégicas con escalas para sus migraciones estacionales; lo mismo que jóvenes mamíferos como bisontes, ciervos, alces y antílopes.

Aceptamos ahora como normal, afirma Safina, un nivel precario de poblaciones animales que amenaza las habilidades culturales de supervivencia, a medida que se reduce el habitat y no es suficiente mantener la diversidad genética.

De allí la importancia de proyectos como el del profesor Sam Williams en Costa Rica, para  enseñar a guacamayos a explorar la selva, adquirir conocimiento local y luego dispersarse y alimentarse con productos endógenos, en un proceso que puede consumir hasta ocho años de un trabajo de aprendizaje social muy similar al de los niños en la escuela.

Guacamayas de Costa Rica. Foto Hdfondos.eu

Guacamayas de Costa Rica. Foto Hdfondos.eu

Y algo parecido ocurre con las comunidades de chimpancés, muy próximas a las humanas, porque poseen cadenas de tradiciones locales que fungen de compleja pega social complementaria del aporte genético, permitiendo a unos captar el progreso de docenas de árboles específicos que crecen en bosques intrincados, a otros la vida en sabanas semi-abiertas, a ignorar unos por completo la presencia del hombre o a cohabitar con él para saquear a hurtadillas sus cultivos.

Bonobos. Foto Mis animales

Bonobos. Foto Mis animales

Se trata, en fin, de una gama tan enorme de conductas que los especialistas se cuidan bien de hablar, en general, de “los chimpancés”, multiplicando  sus motivos de preocupación ante la perspectiva de perder la cultura específica de cada una de esas poblaciónes.

En resumen, afirma Safina, los animales han nacido para ser salvajes, pero llegar a serlo requiere un aprendizaje que a veces toma varias generaciones y lo que está en juego no es simplemente un capricho estético, porque el conocimiento cultural que permite la supervivencia de muchas poblaciones es tan importante como la preservación del habitat mismo.

Como fuente de resiliencia y adaptación a un cambio cuyo ritmo sigue acelerándose.

Varsovia, abril 2020