Leman, un lago con energía

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MIRAMUNDO por Gabriel Rumor, Corresponsal Internacional

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El lago Leman es junto al Ródano referencia obligada para los turistas que visitan Suiza, pero, además, es una fuente de energía- abundante, limpia y renovable-  cuya importancia no cesa de crecer en aquel hermosísimo país; disponible en todas las estaciones e indiferente a las condiciones meteorológicas.  

Sus aguas sirven para el acondicionar el aire en el verano y calentarse en invierno, a partir de una técnica que- como indica la Tribune de Geneve– dista mucho de ser novedosa, porque, por ejemplo, la empresa EPFL calienta desde 1985 sus instalaciones en Ecublens en el cantón de Vaud, y desde 2004 la ciudad de Toronto climatiza toda su área central gracias al lago Ontario.

En Ginebra, el Leman se utiliza desde hace seis años para calentar o refrescar numerosos edificios en el perímetro de las Naciones Unidas y los organismos internacionales, así como la localidad vecina de Versoix, y está previsto ampliar el uso.

El principio, explica el diario, es sencillo, porque todo el año la temperatura del agua permanece invariable a partir de una cierta profundidad, así que si se bombea desde 40 metros oscila entre 5 y 10 grados y, para refrescar, basta con circular por un intercambiador térmico conectado a un circuito que alimenta los climatizadores el agua que, una vez concluido el proceso, es devuelta a su fuente de origen.

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La ventaja es evidente, porque permite prescindir de los gases frigoríferos que contribuyen al efecto invernadero y, de ñapa, consume cinco veces menos electricidad que los sistemas clásicos.

Para la calefacción, el agua pasa por una bomba que aumenta su temperatura al nivel requerido por los radiadores y, es obvio, se necesita de más electricidad que para producir frío. Pero, de todas maneras, sigue siendo menos exigente y más limpio que las energías fósiles, sobre todo si la electricidad utilizada es de origen renovable.

El proceso no está exento de inconvenientes, desde luego, porque el agua servida es más caliente que en el medio ambiente y podría ejercer un impacto negativo sobre la fauna y la flora acuáticas, así que hay un límite establecido por una ordenanza federal, similar al que rige las estaciones de depuración o la central de incineración de Cheneviers.

Así que el agua devuelta no debe exceder los 30 grados ni significar un incremento superior de 1.5 grados a la temperatura ambiental ni elevar el Leman o el Ródano más allá de los 25 grados.

Estos índices son respetados estrictamente, según el director del Servicio de Ecología Acuática de Ginebra, Francois Pasquini, atento también a la calidad del líquido, porque así mismo se controla el volumen de cloro que se emplea contra la proliferación de moluscos en las canalizaciones.

(c) Régis Colombo/www.diapo.ch

No se trata, desde luego, de un procedimiento barato, porque si bien el lago y el río son inagotables, se necesitan grandes obras, a planificarse desde la propia construcción de un nuevo barrio, para dirigir el agua a todos los edificios, y, naturalmente, enormes inversiones que se amortizan en un lapso de veinte a 25 años y deben enfrentarse en un mercado absolutamente libre y, por eso, extremadamente competitivo.

Por el momento, hay que tener salud financiera para emprender tales instalaciones y se considera normal que las actividades térmicas sean deficitarias, como ocurrió con el gas y la electricidad cuando se construyeron las redes, pero los gerentes  estiman que Suiza descansará en gran parte en la energía térmica, de aquí a quince o veinte años.

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Y para una gran ciudad como Ginebra, que depende demasiado de energías fósiles y foráneas, es evidente la importancia de un programa basado sobre fuentes renovables y locales; realizable ahora con nuevas técnicas que no estaban operativas en los largos años de menosprecio de una energía que reposaba allí, oculta de los ojos fascinados de los visitantes.

Varsovia, enero 2015.  

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