Ahora que León XIV ha salido a la palestra mundial, tras meses de discreta y eficaz reorganización para imponerse a la endemoniada burocracia que rige los negocios del Vaticano, para enfrentar el candente tópico de la Inteligencia Artificial con su encíclica Magnifica Humanitas, conviene releer a Stanislaw Lem, que en 1983 lo enfocó con su proverbial ironía.
En Biblioteca del Siglo 21, el genial autor de ciencia-ficción polaco se declaró visceralmente hostil a ella, contra legiones de informáticos que se devanaban los sesos en imitar sin éxito las funciones del cerebro humano, con énfasis en la inteligencia antes que el instinto que apareció sobre el planeta millardos de años antes y es más sencillo de reproducir.
Y pronosticó entonces que hacia el 2040, ahora cercano, los expertos comprenderían que la inteligencia es absolutamente inútil en el 97.8% de las tareas cotidianas, manuales o intelectuales, que nomás exigen un mínimo de conocimientos, una rutina, cierta habilidad, vivacidad y perseverancia.
La prueba más contundente estaría en nuestros pequeños socios: los insectos. Porque se han obtenido resultados impresionantes en un lapsorelativamente corto estudiando la anatomía neurológica de esos bichejos carentes de cerebro; en organismos tan primitivos como las abejas, provistas de un eficacísimo sistema de señalización, o en un género de avispas que cazan y sepultan orugas y saltamontes como incubadoras de larvas que proveerán de carne fresca hasta la transformación en crisálidas.
En fin, animales y plantas compuestos de una infinidad de elementos funcionales que enfrentan airosos los riesgos habituales del envejecimiento mediante la capacidad de regeneración, la duplicaciónde órganos y la dispersión de los centros reguladores de los procesos somáticos y psíquicos, permitiendo que un cerebro gravemente dañado pueda retomar sus funciones, al contrario de lo que sucede a una computadora averiada incluso levemente.
¡Tras sobrevivir hace 65 millones de años al impacto de un monumental meteorito que en cambio borró a los dinosaurios de la faz de la Tierra… y sin inteligencia alguna!
Ya entonces advirtió Lem que ta linteligencia artificial devendría factor de poder mundial, estimulando la deshumanización de un nuevo armamentismo miniaturizado de drones, basado en el papel creciente de micro-ejércitos artificiales de synsectes, como él bautizó los enjambres de escarabajos de cerámica y gusanos de titanio, capaces de sepultarse para huir de la radiación atómica y emerger después de la detonación.
Y sin mencionar las nubes de saltamontes artificiales que inutilizarían los engranajes de los blindados, atravesarían como verdaderos proyectiles el cuerpo de una infantería cada vez más vulnerable y anacrónica o formarían sistemas ópticos para concentrar en un punto preciso los rayos solares, alterando a voluntad las zonas de combate.
Varsovia, mayo de 2026











