Año tras año recuerdo 1958 como un momento luminoso de nuestra historia, cuando la caída de la anterior dictadura se tradujo en una fenomenal explosión de júbilo, fraternización y esperanza en la vida nacional.Pero sobre todo porque el niño que yo era entonces quedó encadenado para siempre al periodismo cuando vio su nombre en letras de imprenta por primera vez.
Fue en TRICOLOR, la revista infantil fundada y dirigida por el poeta Rafael Rivero Oramas – el tío Nicolás- que aparecía puntualmente cada mes en los kioskos en apoyo de las actividades escolares.
En Los Niños colaboran, la sección bellamente ilustrada por maestros como Carlos Cruz Diez y Virgilio Trómpiz, donde quebraron lanzas muchos que con el tiempo serían pintores, historiadores y narradores de fuste.
Y fablistanes escribidores como quien suscribe y comparte con lectores amigos, igual que cada octubre, el recuerdo entrañable con aroma a guayabas, a empanadas de cazón, esnoboles, turrones de coco y roscas azucaradas del pueblecito amable que se fue para siempre y su galería de personajes maravillosos que me veían pedalear sin reposo las vacaciones por las calles asoleadas en la vieja bicicleta del almacén de mi abuelo.
Varsovia, octubre de 2025.









