El impacto ambiental del Mundial 2026 se ha convertido en uno de los temas más debatidos antes del inicio de la Copa que organizarán Estados Unidos, Canadá y México. La expansión del torneo y el incremento de los viajes aéreos han despertado inquietudes entre expertos y organizaciones ambientales.
Un reportaje de Johani Carolina Ponce, publicado originalmente por Yale Climate Connections, señala que diversos estudios advierten que el torneo podría generar cerca de nueve millones de toneladas de emisiones de carbono, debido principalmente al incremento de los viajes aéreos entre las 16 ciudades sede distribuidas en tres países.
Más partidos y mayores desplazamientos
La róxima Copa del Mundo cuenta con 48 selecciones y 104 encuentros, una expansión que ha despertado preocupaciones entre investigadores y organizaciones dedicadas al clima. Según especialistas consultados por Yale Climate Connections, la dispersión geográfica del torneo podría convertirlo en el Mundial con mayor huella de carbono hasta ahora.
El periodista y sociólogo Sergio Levinsky destacó que, a diferencia de Qatar 2022, donde las sedes estaban concentradas en una sola ciudad, el Mundial 2026 requiere constantes desplazamientos aéreos de larga distancia.
El plan ambiental de la FIFA
Ante las críticas, la FIFA presentó una estrategia de sostenibilidad que incluye la medición de emisiones, el uso de energías renovables, la promoción del transporte público, la gestión de residuos y medidas para proteger la biodiversidad.
Algunas sedes, como Houston y Atlanta, han anunciado proyectos de eficiencia energética y abastecimiento con electricidad renovable. Seattle, por su parte, destaca por sus programas de reciclaje y compostaje.
Sin embargo, expertos señalan que el éxito de estas iniciativas dependerá en gran medida de la infraestructura y del compromiso de las ciudades anfitrionas.
Un desafío para el deporte y el clima
La magnitud del Mundial 2026 plantea un debate sobre cómo conciliar la pasión por el fútbol con la necesidad de reducir el impacto ambiental de los grandes eventos deportivos. El principal interrogante sigue siendo si las medidas impulsadas por la FIFA serán suficientes para compensar la huella ecológica de una competición sin precedentes.
Reflexiones finales
La Copa Mundial de la FIFA 2026 representa una paradoja de nuestro tiempo. Por un lado, encarna la capacidad del deporte para unir culturas, movilizar audiencias globales y generar importantes beneficios económicos y sociales. Por otro, pone de manifiesto las dificultades que enfrentan los grandes eventos internacionales para adaptarse a las exigencias de un mundo que busca reducir sus emisiones y responder a la crisis climática.
La estrategia de sostenibilidad presentada por la FIFA refleja una creciente conciencia sobre la necesidad de incorporar criterios ambientales en la organización de competiciones de gran escala. Las iniciativas relacionadas con energías renovables, gestión de residuos, eficiencia energética y protección de la biodiversidad constituyen avances significativos que hace apenas unas décadas habrían sido impensables en el ámbito deportivo.
Sin embargo, el principal desafío continúa siendo estructural. La ampliación del torneo, la dispersión geográfica de las sedes y la dependencia del transporte aéreo plantean interrogantes sobre la capacidad real de compensar una huella de carbono sin precedentes. Más allá de las acciones locales, el debate abre una discusión más amplia sobre la sostenibilidad de los megaeventos en un contexto de emergencia climática.
La experiencia del Mundial 2026 podría convertirse en un punto de inflexión para el deporte internacional. Las decisiones que se tomen y los resultados que se obtengan servirán como referencia para futuras competiciones y pondrán a prueba la credibilidad de los compromisos ambientales asumidos por las grandes organizaciones deportivas.
En última instancia, la cuestión no es si el fútbol y la sostenibilidad son incompatibles, sino cómo hacer que una pasión compartida por miles de millones de personas pueda desarrollarse dentro de los límites ecológicos del planeta. El éxito del Mundial 2026 no se medirá únicamente por los goles, los campeones o las cifras de audiencia, sino también por la capacidad de demostrar que los espectáculos globales pueden evolucionar hacia modelos más responsables y compatibles con los desafíos ambientales del siglo XXI.
Este artículo es una adaptación del reportaje de la periodista Johani Carolina Ponce, publicado originalmente por Yale Climate Connections. La presente versión reelabora y contextualiza los principales hallazgos de la investigación con fines periodísticos y divulgativos, respetando la autoría y el enfoque del trabajo original.














