En vísperas del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y Desperdicio de Alimentos conviene insistir en que el desperdicio alimentario sigue siendo una realidad cotidiana en cualquier rincón del planeta, a pesar de que ya en 1979 se instituyese el Día Mundial de la Alimentación y que los medios no cesan de denunciar el vergonzoso desperdicio de recursos que sigue tan campante.
Porque la mitad de los seis millardos de toneladas de comida que anualmente se producen en el mundo va a parar a la basura, debido a numerosas razones- cosechas inadecuadas, deficiencias en el almacenamiento y el transporte e irresponsabilidad de distribuidores y consumidores, entre ellas- conformando una tragedia que debería detenerse si queremos responder con éxito y de manera duradera a nuestras necesidades alimenticias.
180 millones de toneladas de arroz se arruinan en los silos del Sudeste Asiático y los distribuidores franceses descartan 1.6 millones de toneladas de frutas y legumbres que no corresponden a los criterios de talla y apariencia de la industria agroalimentaria y el 30 e incluso el 50% de lo que se expende en los supermercados termina en el basurero, porque los ciudadanos galos, a pesar de su proverbial tacañería, botan cada año un promedio de 20 a 30 kilos de alimentos.
Montañas de comida son desechadas mientras millones de personas padecen hambre. Y, en tanto, estudios de indiscutible seriedad señala que un volumen astronómico de agua se invierte en producir cosechas que nunca llegan al mercado y que hábitos alimenticios al parecer indestructibles añaden una presión adicional, porque la producción de un kilo de carne significa una cantidad de agua 20 a 50 veces superior a la necesaria para los vegetales
Cifras aterradoras, sin duda, cuando la ONU predice que de ahora al año 2075 habrá que producir comida para bocas adicionales que para entonces elevarán a 9.5 millardos la población mundial.
En Europa se pierden alrededor de 179 kilos por persona -el 30% de la oferta total- y el problema preocupa en Inglaterra, donde cada año se tiran 7.2 millones de toneladas de comida (el 61% de la cual, por un valor de 12 millardos de libras, se halla en buenas condiciones), es decir un promedio familiar de 56 libras mensuales, y en España, donde El País ha llegado a cifrar el dispendio, haciéndolo “el sexto país que más comida tira, después de Alemania, Holanda, Francia, Polonia e Italia”.
Y ésto a pesar de iniciativas como la jornada nacional en París contra el gaspillage y medidas simbólicas de prevención de desechos en las escuelas hoteleras y los liceos agrícolas, incitaciones a donativos alimenticios y el reemplazo en los embalajes de advertencias de caducidad que muchas veces inducen al despilfarro, mientras el ministerio responsable organizaba en la place de la Republique un gran banquete donde los productos no-vendidos fueron preparados por grandes chefs que explicaron a los asistentes el uso de los sobrantes, mientras una Disco Soupe tenia lugar en Lille, una sopa gigante en Montauban, talleres culinarios en Saint-Pierre-des Corps, y un mercado solidario en Avignon.
En resumen, es urgente redoblar los esfuerzos ante la proximidad de la fecha de 2030 que la FAO fijó como Objetivo de Desarrollo Sostenible para yugular a la mitad el desperdicio.
Varsovia, septiembre de 2026








