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¿Puede una ciudad ser demasiado ruidosa para sus habitantes? ¿Qué ocurre cuando el sonido de una construcción, una fiesta, el tránsito o incluso unos niños corriendo afecta el descanso de quienes viven alrededor? Y, más allá de las personas, ¿qué sucede con los animales expuestos de manera constante al ruido producido por los seres humanos?
En Planeta Vital viajamos imaginariamente hasta Nueva Zelanda para conversar sobre contaminación acústica con Victoria Helena Rastelli Montbrum, ingeniera mecánica venezolana y PhD en Desarrollo Sustentable de la Universidad Simón Bolívar.
Victoria actualmente vive en Australia, pero viaja con frecuencia a Nueva Zelanda, donde se encuentra la sede central de la empresa para la que trabaja. Su especialidad está precisamente en ese territorio invisible del ambiente que pocas veces vemos, pero que todos experimentamos: el sonido y sus efectos sobre las personas, las edificaciones y la naturaleza.
Victoria Rastelli, una venezolana que trabaja contra la contaminación acústica
Coordinar nuestra conversación no fue sencillo. La diferencia horaria entre Venezuela y Nueva Zelanda es de 16 horas, de modo que cuando para nosotros todavía es hoy, allá ya es mañana.
Pero la distancia quedó en segundo plano cuando Victoria comenzó a contar su historia.
En 2016, ella y su esposo decidieron emigrar. Europa parecía una posibilidad natural porque ambos tenían doble nacionalidad, pero Victoria tenía otros planes. Su interés profesional la llevó a buscar oportunidades en Nueva Zelanda y comenzó a enviar su currículum a empresas relacionadas con su especialidad.
La respuesta llegó mucho más rápido de lo esperado. La primera compañía a la que aplicó se interesó en su perfil y, poco después, Victoria ya estaba instalada en Auckland trabajando para Norman Disney & Young (NDY), una firma con sede en Nueva Zelanda que también desarrolla proyectos en Australia.
Su trayectoria profesional continuó creciendo hasta llevarla a ocupar un espacio dentro de la comunidad especializada en acústica.
Reconocimiento a su labor en Nueva Zelanda
En junio de 2021, en plena pandemia, Victoria fue invitada a formar parte del Consejo de la Sociedad Acústica de Nueva Zelanda.
Para ella significó un reconocimiento profesional, pero también un compromiso personal: representar a Venezuela desde una especialidad que tiene cada vez mayor importancia en las ciudades contemporáneas.
Porque el ruido no es solamente una molestia. Cuando alcanza determinados niveles o se mantiene durante períodos prolongados, puede convertirse en un problema ambiental y de salud.
La particular profesión de “cazar ruidos”
Durante nuestra conversación hubo un momento especialmente divertido cuando Victoria explicó todo el equipo que debe llevar durante sus inspecciones de campo.
Por eso, en Planeta Vital nos permitimos llamarla, con cariño, una “caza ruidos”.
En lugar de buscar fantasmas, Victoria sale al terreno equipada con medidores de decibeles y otros instrumentos especializados para identificar fuentes de ruido y vibraciones. Incluso cuenta con equipos capaces de simular situaciones cotidianas, como el impacto producido por el taconeo sobre un piso.
Detrás de esa imagen curiosa existe un trabajo técnico muy preciso.
En Nueva Zelanda y Australia existen regulaciones destinadas a controlar la contaminación acústica. Los proyectos de construcción deben considerar el impacto que pueden generar sobre el entorno y, en determinados casos, presentar estudios específicos sobre ruido y vibraciones.El objetivo es que una edificación no solamente sea segura desde el punto de vista estructural, sino que también respete las condiciones acústicas establecidas por la normativa local.
Cómo se controla la contaminación acústica en edificios y ciudades
Parte del trabajo de Victoria consiste en elaborar informes acústicos que permiten determinar cómo un proyecto cumplirá con las regulaciones locales.
Estos estudios pueden contemplar las fuentes de ruido que afectan el exterior de una edificación y proponer soluciones técnicas como equipos más silenciosos, barreras acústicas, atenuadores y sistemas antivibratorios.
El proyecto debe demostrar que puede cumplir con los límites establecidos antes de obtener las autorizaciones correspondientes.
Pero el control acústico no se limita al ruido producido hacia el exterior.
También busca proteger a quienes viven dentro de los edificios. Una fiesta, la música a volumen elevado, unos zapatos de tacón sobre el piso o los pasos y carreras de los niños pueden convertirse en fuentes de perturbación para los vecinos.
Por eso, el aislamiento acústico también forma parte del diseño de muchas edificaciones residenciales.
La idea no es impedir que las personas hagan su vida cotidiana, sino encontrar soluciones que permitan convivir sin que el sonido de unos termine afectando el bienestar de otros.
Contaminación acústica y salud: cuando el ruido se convierte en un riesgo
La contaminación acústica puede definirse como la presencia de sonidos excesivos o no deseados que alteran las condiciones ambientales y pueden afectar la calidad de vida.
El problema adquiere una dimensión mayor cuando la exposición al ruido es prolongada.
El exceso de ruido puede interferir con el descanso, dificultar la concentración y afectar la audición. La exposición a sonidos elevados durante períodos prolongados puede producir daños auditivos, especialmente cuando se escucha música a volúmenes muy altos.
La contaminación atmosférica no es la única que tiene efectos perjudiciales para los seres vivos del planeta. La contaminación acústica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es uno de los factores ambientales que provoca más problemas de salud. Solo en Europa, según la Agencia Europa del Medio Ambiente (AEMA), causa al año 16.600 muertes prematuras y más de 72.000 hospitalizaciones.



















