«No es tanto por su belleza que el bosque reclama el corazón de los hombres, como por ese algo sutil, esa cualidad del aire que emana de los viejos árboles, que tan maravillosamente cambia y renueva un espíritu cansado».
Robert Louis Stevenson
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En este episodio del podcast de Planeta Vital viajamos a Colombia para conocer los baños de bosque junto a Rita Kotov, fundadora de MATIZart e impulsora de Metanoia, un espacio donde los jardines, el paisajismo y la conexión con la naturaleza se convierten en protagonistas de una experiencia que invita a detenernos y mirar el mundo natural de otra manera.
Hay momentos en los que necesitamos alejarnos del ruido, dejar a un lado las obligaciones y recuperar el contacto con aquello que nos hace sentir parte de la vida. Caminar entre árboles, escuchar el canto de los pájaros, percibir el aroma de la tierra húmeda o simplemente observar cómo la luz atraviesa las hojas puede convertirse en una experiencia reparadora.
No se trata de una fórmula mágica ni de una moda pasajera. Es una invitación a recuperar una relación con la naturaleza que, en medio de las prisas de la vida cotidiana, muchas veces dejamos en segundo plano.
De eso conversamos en Planeta Vital con Rita Kotov, nuestra invitada de origen alemán, quien lleva más de 25 años viviendo en América Latina. Su recorrido la ha llevado por Guatemala, Perú, Bolivia y Chile, hasta establecerse en Colombia, donde ha desarrollado una propuesta que integra naturaleza, paisajismo y bienestar.
Rita tiene una amplia trayectoria en cooperación internacional. Durante más de dos décadas ha dirigido proyectos y oficinas regionales, además de trabajar como asesora, entrenadora, conferencista y facilitadora en temas de desarrollo organizacional, diálogo y negociación.
Hoy, una parte importante de su trabajo está dedicada a MATIZart, empresa que fundó y dirige, desde la cual impulsa experiencias que buscan ampliar la percepción y la conciencia de las personas a través de su relación con el entorno natural.
MatizArt
El bosque: un aliado para la vida
Hablar de baños de bosque también nos lleva a recordar por qué los bosques son indispensables para el planeta.
Estos ecosistemas almacenan carbono, regulan el ciclo del agua, protegen los suelos, albergan una enorme diversidad de especies y contribuyen al sustento de numerosas comunidades. Su importancia ecológica está estrechamente vinculada con nuestro bienestar, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Sin embargo, la deforestación y la degradación de los ecosistemas forestales siguen siendo problemas ambientales de alcance mundial.
Por eso, acercarnos a un bosque no debería ser solamente una oportunidad para descansar. También puede convertirse en una ocasión para comprender mejor lo que estamos llamados a proteger.
En Planeta Vital creemos que la educación ambiental comienza muchas veces con una experiencia directa: conocer un árbol, reconocer un ave, descubrir la vida que existe bajo nuestros pies o comprender de dónde viene el agua que bebemos. Cuando establecemos una relación más cercana con la naturaleza, cuidar de ella deja de ser una idea abstracta y se convierte en una responsabilidad compartida.
Los baños de bosque pueden contribuir a esa reconexión, siempre que la experiencia se desarrolle con respeto por los ecosistemas y sin alterar la vida de las especies que los habitan.
¿Qué son los baños de bosque?
Nuestra invitada nos dice que los baños de bosque surgen en la década de los ochenta en Japón. Allí se conocen como shinrin–yoku, una palabra compuesta de las palabras japonesas para bosque y baño.
En 1982 el Ministerio japonés de Agricultura, Silvicultura y Pesca impulsó esta práctica con dos objetivos principales:
- Dar valor a los bosques del país, fomentar su utilización y disfrute.
- Combatir el estrés y favorecer la relajación de una población sometida a unos niveles de competitividad y presión tremendamente elevados.
Aunque desde nuestro punto de vista occidental nos pueda sorprender, existe en japonés un término para definir la “muerte por exceso de trabajo”: karoshi.
El shinrin-yoku forma parte de las políticas de medicina preventiva del país nipón y se estima que unos 2 millones de japoneses visitan anualmente alguno de los 48 centros oficiales designados por la Agencia Forestal de Japón para esta práctica.
De la misma forma que se recomiendan el ejercicio físico regular y una dieta sana para mantener y mejorar la salud, en las consultas sanitarias japonesas se prescriben las “dosis de naturaleza”.
El pionero en el estudio científico de la Medicina Forestal fue el Dr. Qing Li.
De origen chino, desde 1988 vive en Japón, es médico e inmunólogo del hospital Nippon Medical School de Tokio y es considerado el mayor experto a nivel mundial en baños de bosque.
En 2007 empleó y definió por primera vez el término forest bathing en inglés en una investigación y desde entonces ha publicado multitud de estudios y varios libros sobre el tema.
Los múltiples estudios que se han realizado los últimos 30 años, han sido inspirados en su mayoría por una idea muy sencilla: cuando estamos en contacto con la naturaleza, nos sentimos mejor y nuestro cuerpo se relaja.
En su libro El Poder del Bosque, el Doctor Quing Li nos lleva de la mano por historias y fábulas orientales que nos acercan al mágico mundo de los bosques y su vida secreta.
Li nos comenta: «Todos sabemos lo bien que nos hace sentir el contacto con la naturaleza. Lo hemos experimentado durante milenios. Los sonidos del bosque, el olor de los árboles, la luz del sol colándose entre las hojas, el aire fresco y limpio… Todas estas cosas nos dan una sensación de bienestar. Nos quitan el estrés y las preocupaciones, nos ayudan a relajarnos y a pensar con mayor claridad. El contacto con la naturaleza puede quitarnos el mal humor, devolvernos nuestra energía
y nuestra vitalidad, refrescarnos y rejuvenecernos.
Eso es algo que llevamos en las entrañas. Es como una intuición o un instinto, una sensación que a veces resulta difícil explicar En japonés tenemos una palabra para describir esas sensaciones demasiado profundas como para expresarlas con palabras: yūgen. Lo yūgen nos comunica un profundo sentido de la belleza y del misterio del universo. Es algo de este mundo, pero sugiere algo del más allá».
Rita Kotov: una historia de amor por el mundo vegetal
La relación de Rita con la naturaleza comenzó mucho antes de que Metanoia fuera una realidad.
Durante su infancia en Alemania, recorría parques y bosques con su familia y amigos. Aquellos paseos fueron sembrando una sensibilidad que se profundizó cuando, siendo joven, leyó el libro La vida secreta de las plantas.
La lectura la impresionó tanto que llegó a sentir reparos incluso al pisar el césped, por temor a hacer daño a las plantas. Más allá de esa reacción propia de una joven fascinada por el mundo vegetal, aquella experiencia dejó una huella duradera y alimentó su interés por las formas en que nos relacionamos con la naturaleza.
Con los años, sus viajes por América Latina ampliaron esa mirada. El contacto con distintas culturas, las historias de los pueblos indígenas y sus experiencias con el Feng Shui en Bolivia fueron aportando nuevas perspectivas a su búsqueda personal y profesional.
Al llegar a Colombia, Rita encontró la oportunidad de dar forma a un proyecto propio. Así surgió MATIZart y, posteriormente, Metanoia, una iniciativa que reúne naturaleza, arte, diseño de paisajes y experiencias orientadas al bienestar.
Metanoia: transformar la mirada desde un jardín
Metanoia se encuentra en una zona montañosa cercana a Bogotá. Según explica Rita, el nombre procede del griego y se relaciona con la transformación de la mente o de la manera de pensar.
El lugar fue concebido como un espacio donde el diseño paisajístico y los distintos ambientes naturales invitan a experimentar el entorno de una forma diferente. Cuenta con nueve jardines o hábitats y un Greenhouse, un espacio con capacidad para unas 80 personas que puede albergar talleres, encuentros, actividades corporales y reuniones de grupos.
Pero detrás de sus jardines hay una historia de recuperación ambiental.
El terreno sufrió daños asociados a la actividad de una arenera que funcionó allí. La propuesta de Metanoia ha incluido trabajos para recuperar el espacio, reforestar y transformar progresivamente el paisaje.
Esta dimensión resulta especialmente significativa. Un terreno deteriorado puede convertirse, con tiempo, dedicación y un manejo adecuado, en una oportunidad para recuperar vegetación y crear nuevos espacios de encuentro entre las personas y la naturaleza.
La recuperación de un lugar degradado requiere evaluar sus condiciones ecológicas y mantener un compromiso a largo plazo. En ese camino, la restauración del paisaje puede adquirir también un valor educativo: nos recuerda que las huellas de nuestras actividades permanecen en el territorio, pero que es posible trabajar para reducir los daños y favorecer su recuperación.
Rita cuenta, además, que el proyecto se ha enriquecido con el acercamiento a personas y tradiciones indígenas de la región, incluidas referencias a la cultura muisca y a los mamos. A partir de esas conversaciones surgió la posibilidad de que el lugar tuviera un significado ancestral. Esta interpretación forma parte de la historia que rodea a Metanoia y merece ser considerada con respeto por las comunidades y sus conocimientos.
Su Greenhouse se alquila para realizar talleres, encuentros, terapias corporales, para personas individuales y trabajadores de empresas. También se ofrecen recorridos de «Baños de Bosque» en sus 9 jardines preparados especialmente para elevar la frecuencia energética de forma diferenciada, de acuerdo a cada tipo de ecosistema.
La naturaleza también necesita de nosotros
La experiencia de Metanoia nos invita a reflexionar sobre algo que va más allá del bienestar individual. Los jardines y los bosques no son solamente escenarios para descansar o disfrutar de su belleza. Son comunidades vivas, formadas por plantas, animales, hongos, microorganismos, agua y suelo, cuyas relaciones sostienen el equilibrio de los ecosistemas.
Acercarnos a ellos implica también aprender a respetar sus ritmos, evitar dejar desechos, no extraer plantas ni molestar a la fauna y comprender que cada espacio natural tiene sus propias necesidades.
En las ciudades, esta conexión puede comenzar mucho más cerca de lo que imaginamos: en un parque, un jardín comunitario, una plaza arbolada o un pequeño rincón verde. No siempre es necesario viajar lejos para recuperar el contacto con el mundo natural.
Desde la perspectiva de la ecología psicosocial, estos espacios también pueden favorecer oportunidades de encuentro, contemplación y convivencia. Compartir un jardín o caminar por un sendero nos permite salir, aunque sea por un momento, del aislamiento y las exigencias de la rutina.
La naturaleza no es un recurso separado de nuestra vida. Somos parte de ella y dependemos de sus ciclos, incluso cuando las ciudades y la tecnología nos hacen olvidar esa relación.
“Ir a dar un paseo por el bosque es como recibir un fuerte abrazo de la Madre Naturaleza”.
Jamie Erwine.
Una invitación de Planeta Vital
En nuestra conversación con Rita Kotov descubrimos una iniciativa que reúne su historia personal, su experiencia profesional y su interés por crear espacios de encuentro con la naturaleza.
Metanoia representa esa búsqueda particular a través de sus jardines, sus recorridos y sus actividades. Para quienes deseen conocer el proyecto, el lugar se encuentra a unos 35 minutos de Bogotá, según la información compartida por nuestra invitada.
Pueden conocer más sobre sus propuestas en la página web de MATIZart, escribir a info@matizart.co o buscar sus perfiles en redes sociales: @matizartcolombia y @metanoiacolombia.
Y si algo nos deja esta conversación es una invitación sencilla: buscar un momento para caminar entre árboles, apagar por un rato las pantallas y prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor.
Quizás descubramos que el bienestar no siempre exige hacer más, sino aprender a detenernos. Y que, mientras disfrutamos de los beneficios de la naturaleza, también tenemos la responsabilidad de protegerla.
Como recuerda una frase atribuida a Jamie Erwine: «Ir a dar un paseo por el bosque es como recibir un fuerte abrazo de la Madre Naturaleza».
Desde Planeta Vital seguimos apostando por experiencias que nos ayuden a comprender que los seres humanos no somos dueños del planeta, sino una especie más dentro de la gran comunidad de la vida. Nuestra inteligencia y nuestras capacidades cobran verdadero sentido cuando se ponen al servicio de un planeta más vital.
Escucha el podcast de Planeta Vital y acompáñanos en este recorrido por los baños de bosque en Metanoia, Colombia. Puedes encontrar nuestros episodios en YouTube Planeta Vital Plus, Voz Vida Verde Internacional, Instagram @tuplanetavital.
Porque cuidar la naturaleza también comienza por aprender a encontrarnos con ella.
Fuente: https://habladelbosque.es/banos-bosque-shinrin-yoku/ y ONU






















