Reciclar las emociones por un Planeta mas humano

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Por celebrarse el 17 de mayo el Día Mundial del Reciclaje, esta semana se ha tratado el tema mas frecuentemete en los medios de comunicación y las organizaciones ecológicas han realizado multitud de eventos en el mundo entero, de hecho nosotros también publicamos  un artículo y el programa radial del fin de semana está relacionado con el reciclaje.

Como nos hemos referido en otras ocasiones, Planeta Vital concibe la ecología desde una perspectiva psicosocial, profunda,  nuestra visión es la de un ser humano integrado al ecosistema, no como dueño y gestor del planeta, sino como una pieza mas del magnífico engranaje de los procesos de la naturaleza.

Es por eso que vamos a detenernos un momento a desarrollar el tema del reciclaje, pero desde una perspectiva emocional e interna, porque así como se requiere reutilizar y reciclar los desechos sólidos para promover el desarrollo sustentable y prolongar la vida en el planeta, así también es vital procesar aquellos elementos tóxicos que se acumulan en nuestro ser interior y en nuestro sistema emocional.

Existen diversos puntos de vista relacionados con este tema,  vamos a tomar los  que consideramos mas cercanos a nuestra propuesta.

Comenzaremos con David J. Pollay (1965), quien tiene un máster en Psicología Positiva Aplicada por la Universidad de Pensilvania, y una licenciatura en Economía por la Universidad de Yale. Pollay es un conferenciante codiciado en todo el mundo y su trabajo ha sido retransmitido por diversos periódicos y revistas

Tiene una publicación denominada  Reciclaje emocional, y su intención es enseñar a las personas a llevar vidas familiares y profesionales satisfactorias.  Pollay piensa que las personas tenemos una misión de vida y no podemos permitir que las fuentes constantes de negatividad distraigan nuestras fuerzas.

Esta filosofía parte de una experiencia que tuvo Pollay hace unos años y que lo marcó para siempre. Un día, mientras viajaba en taxi por Nueva York, un vehículo se cruzó de forma imprudente en su carril. El taxista detuvo el coche a tiempo para evitar el choque. El conductor del vehículo que cometió la infracción empezó a insultar al taxista, y éste, en vez de devolverle los insultos, reaccionó con una sonrisa y con una actitud amorosa. Pollay no salía de su asombro y le preguntó al taxista por qué había reaccionado de ese modo. El hombre contestó que “mucha gente son como camiones de basura: van por la vida acumulando rabia y frustración, y esperan la mínima ocasión para verter esa suciedad sobre ti”. El taxista añadió que, “en lo que uno se descuida, ya le han echado esa basura, y nuestra labor consiste en impedir que eso ocurra para que no te amarguen la existencia”.

De este relato Pollay creó su teoría del “Camión de Basura”, que se basa en identificar cuando se acerca un “camión” cargado de basura emocional, ya sea en forma de conductor agresivo, de pareja posesiva o de jefe autoritario y malhumorado.

Para Pollay es vital hacer la promesa de no aceptar más basura emocional ni repartirla nosotros mismos, una norma que se ha impuesto a sí mismo y que asegura que cumple día a día.

Además, Pollay está convencido de que su teoría se puede utilizar con fines satisfactorios independientemente de la cultura, religión o nacionalidad del individuo.

“He escrito este libro para conectar con todos -afirma en la introducción del mismo-, quiero que llegue a personas de todos los países, ciudades y pueblos del planeta. Quiero que ‘Reciclaje emocional’ nos ayude a transformar el mundo en un lugar más solidario, más respetuoso y más humano”.

Otra teoría es la del Reciclaje Psicológico de Péter Szil, quien nació en Hungría en 1951 y se formó como psicoterapeuta en Suecia y EEUU, propone que los principios que rigen nuestros esfuerzos por dejar una tierra saludable a nuestros
descendientes son de aplicación también a nuestro crecimiento personal. Cada ser humano es un sistema ecológico interdependiente y delicado, cargado con residuos, incluso con los de generaciones anteriores. Esta “basura psicológica”, si se esparce, también puede dañar nuestro ambiente y el de las generaciones venideras.
Muchas veces es sólo con el paso de los años cuando uno se da cuenta de que algo en realidad ha sido tóxico, y, aun después de haberse dado cuenta, puede ser arduo identificarlo como el origen de nuestros problemas. Por ejemplo, muchas personas buscan cambios en su vida, pero no se sienten capaces de llevarlos a cabo. Les cuesta expresar lo que sienten, sus emociones discrepan de sus ideas o sufren de una insatisfacción personal prolongada que quizá les atormenta sólo en sus sueños, pero puede también contaminar su vida cotidiana. Otros experimentan lagunas en su historia personal o no saben cómo interpretar las señales de su cuerpo.

Por supuesto que no todo es basura en la herencia de una persona, pero ocurre lo mismo
que con los residuos físicos: amontonados irreflexivamente forman un conjunto que, a la larga, hace peligrar el flujo de la vida. Sin embargo, una gran parte de los mismos ingredientes, separados y reciclados de una manera consciente, podrían llegar a ser recursos de mucho valor.

La capa más accesible y deseable de nuestra herencia psicológica son los recuerdos gratos
(conscientes o inconscientes) de nuestro entorno primario, por ejemplo un trato cariñoso y
respetuoso. Podemos reutilizar estos modelos directamente en nuestra vida adulta. Las otras capas ya precisan un enfoque de procesamiento “ecológico”. Supongamos, dice el, por ejemplo, una madre que me asfixiaba en la adolescencia tratándome como si fuera todavía un peque: este tipo de cariño ya no es reutilizable tal cual, sino que tendré que reciclarlo.

En el plano ecológico es difícil asumir lo ocurrido en nuestro entorno, sus consecuencias
y renunciar a nuestra comodidad, por lo menos a la inmediata. En lo psicológico tenemos que vencer además una tendencia humana todavía más poderosa: la de intentar evitar lo doloroso.

Continúa diciendo Peter Szil, yo he encontrado sustento para mi propio crecimiento personal y para mi trabajo en ayudar a otras personas en otras fuentes. Por ejemplo uno de mis maestros de meditación budista, me enseñó que lo que libera es la verdad y no el esfuerzo por hacerse libre.

foto MVH2006

Hacer limpieza psicológica, reciclaje emocional, no es lo mismo que intentar olvidar dolores pasados. Para no estar condicionados por ellos es necesario abordar sentimientos como la ira, el miedo, el duelo…Sólo después de afrontarlos y asumirlos podemos experimentar lo que es ser verdaderamente adulto y libre.

Finaliza el autor preguntando, ¿A quién se le ocurriría consumir un alimento contaminado solamente por respeto a las buenas intenciones de los que se lo brindan? Aun así seguimos tragando cosas que se nos han ofrecido y hacemos tragar las mismas cosas a nuestros hijos, a pesar de que nuestras condiciones de vida (sociales, culturales, psicológicas y materiales) podrían permitirnos una “alimentación” más sana.

Foto MVH2006

Todas estas consideraciones nos llevan a proponer en Planeta Vital, que así como la “Ecoalfabetización” nos hace seres mas evolucionados y preparados para el desarrollo sustentable de nuestro ecosistema, la reutilización y el reciclaje emocional nos permite aprovechar las experiencias de vida, buenas o “dolorosas”, a favor de nuestro crecimiento personal y esa transformación nos integra mas armoniosamente a nuestro entorno psicosocial y por ende seguramente seremos personas  mas responsables ecológicamente .

Fuentes:

EFE reportajes | Cromos.com.c

RECICLAJE PSICOLÓGICO, Péter Szil, psicoterapeuta, www.szil.info. E-mail: szil@ctv.es

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