El ambiente paga el pato

Por: Gabriel Rumor
Última actualización el 28 junio, 2026

El tema no es nuevo y sin duda retornará una y otra vez al primer plano porque parece difícil,  incluso imposible, aprender en cabeza ajena.

Cómo olvidar, por ejemplo, el fiasco en Cuba de la famosa zafra de las diez millones de toneladas que puso de cabeza a la economía y marcó un parteaguas del que la revolución castrista y la aureola de su máximo lider no pudieron recuperarse jamás, tan gordo fue el daño que aquella expresión de voluntarismo infligió a la vida nacional; el perjuicio causado a la Amazonia por la sustitución de cultivos para reemplazar con biofuel la gasolina convencional, o el Gran Salto Adelante, la famosa campaña de industrialización del chairman Mao que provocó el fundido hasta de las bacinillas para fabricar acero

El Gran Salto Adelante de Mao dejó 55 millones de muertos.

Ahora, un reportaje en EL PAIS señala que la afición mundial por el café se ha traducido en la tala de 200 mil hectáreas de bosque húmedo tropical en Vietnam, equivalentes a la superficie de Luxemburgo para sembrar cafetos y los obstáculos que enfrenta la instrumentación del Reglamento Europeo contra la Deforestación, dirigido a limitar la complicidad de países como Alemania, Italia y España, que se cuentan junto a Estados Unidos y Japón entre los clientes principales de la deliciosa infusión.

Porque a pesar de la destrucción de las guerras  con Japón, Francia, los Estados Unidos y China, la indómita nación se eleva hoy como el segundo mayor productor mundial con cerca del 40% de las exportaciones de café robusta, cultivado en las Tierras Altas Centrales que en tiempos ancestrales estaban cubiertas de bosques, con efectos devastadores por la pérdida de cobertura vegetal que redujo en un 30% el carbono orgánico natural, obligando al uso de fertilizantes, y la dificultad creciente para los acuíferos de recuperarse.

Espuma amarillenta en el vertedero de la isla Costa Rica, foto: Vicente Gaibor.

Con el agravante de que la población no ha experimentado una mejora en sus condiciones de vida aunque las autoridades vietnamitas buscaran  la asistencia europea para revertir el daño, restaurando los bosques y pasando del monocultivo a la agrosilvicultura y reducir la superficie cafetalera a pesar de la presión en contrario que la demanda global impone a un país aún pobre y necesitado de inversiones.

Es el mismo problema que halla su equivalente en nuestro hemisferio porque, según el GUARDIAN, la voracidad en aumento por los camarones ha puesto en jaque los manglares del Ecuador para incrementar una producción que en sólo la última década se cuadruplicó hasta reemplazar el petróleo como el máximo rubro exportador, para satisfacer a los paladares de Estados Unidos, China y la Unión Europea.

El resultado es que el país perdió enomes áreas de manglares y, aunque se hallan ahora protegidos, los observadores científicos y los vecinos estiman que la situación está muy lejana de reparación, pese a los esfuerzos de las comunidades locales, mientras el diario londinense registra un problema adicional, paradójico, vinculado al auge de las rosas ecuatorianas en la competida floristería internacional que fuerza en la escena local el regadío intensivo y el empleo de pesticidas que afectan a las comunidades indígenas, seducidas por un negocio mucho más productivo que la agricultura tradicional gracias a los fértiles terrenos volcánicos y el sol que brilla con particular intensidad sobre los valles andinos.

Las rosas significan dos tercios de la cosecha nacional con un ingreso anual de 2 millardos de dólares, detrás de los Países Bajos y Colombia, superando rubros como el café y las bananas que otrora hicieron conocido al país, a mercados tan distantes como Kazakhstan.

Cien mil moradores de la región de Cayambe se han reciclado con presteza tras el señuelo de un mejor ingreso, a pesar de que los salarios siguen siendo modestos y alto el riesgo sanitario, porque el esplendor de las rosas debe mucho al uso de químicos que se reflejan en la salud de los agricultores.

Es una batalla contra la corriente, denuncian autoridades científicas porque muchos de esos pesticidas que fueron prohibidos hace años en Europa siguen allí tan campantes para satisfacción, precisamente, de sus consumidores, seducidos por las excepcionales rosas andinas; por una belleza que, como suele ocurrir, tiene fatales consecuencias y, de todas formas, según dijo alguna vez el Cordobés, son preferibles a las cornadas que da el hambre….

Rafz, junio de 2026.   

   

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Por: Gabriel Rumor

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