Islas borrascosas

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MIRAMUNDO por Gabriel Rumor

Nuestro planeta se calienta, no sólo por el fenómeno ya inocultable del efecto invernadero, sino por los focos de tensión geopolítica que sin cesar se agudizan en uno de ellos, en el Extremo Oriente, ilustra ahora la diferencia de enfoque de los actores en lisa, cuando el Japón ha decidido enfrentar una brutal incursión de China en aguas que considera de su soberanía, con una iniciativa más inteligente y, según comentan algunos especialistas, mejor encuadrada en el derecho internacional.

Isla Okinotori

Isla Okinotori

Y es que el Gobierno nipón ha anunciado la inversión de 100 millones de dólares en las Islas Okinotori en el Mar de China Oriental, a más de mil millas al sur de Tokyo, para contrarrestar el vertido de toneladas y toneladas de concreto con que Beijing intenta convertir unos peñones en las Islas Spratlys, reivindicadas por varios estados de la región, en una auténtica Gran Muralla de avanzadas que le faciliten el control militar de la región.

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Es un atolón que no excede los diez kilómetros cuadrados, ubicado a medio camino entre Taiwan y  el enclave estadounidense de Guam, rico en pesca y quizás en petróleo y metales raros, aunque su importancia es más bien estratégica en la eventualidad de un conflicto bélico por un territorio que las autoridades chinas no han cesado de reclamar desde su arribo al poder en 1949.

Beijing considera que las islas son sólo rocas y que de acuerdo a la Convención de las Naciones Unidas no pueden ser utilizadas por Tokyo para expandir su zona económica exclusiva, porque son incapaces de servir de habitat humano o tener vida económica propia, y por eso el gobierno japonés ha optado por la línea sutil y ecológicamente más viable de reforzar las estructuras coralinas en lugar de sumergirlas, según el modelo chino, bajo una capa de arena y concreto.

Islas-Spratly

El Guardian londinense  reporta que los trabajos emprendidos ya a fines de los años 80, han consistido en prevenir la erosión de los dos islotes que sobresalen en la marea baja, mientras un tercero ha sido cubierto con una red de titanio para protegerla de los desechos aportados por las olas, y la erección de un observatorio que monitorea el paso de las embarcaciones.

Caracas febrero 2016.

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